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Contra la velocidad automática

Foto del escritor: Marcelo Bertuccio
Marcelo Bertuccio
21 sept
2 min de lectura

Vivimos rodeados de estímulos que parecen decirnos permanentemente lo mismo: hay que llegar rápido; a una información, a una respuesta, a una imagen, a un video, a otro video. Todo tiene que estar disponible inmediatamente y, si es posible, con un enlace que nos evite incluso el pequeño esfuerzo de buscarlo.


Esa velocidad se presenta como legítima comodidad, aunque muchas veces termina funcionando como una exigencia.


Hace poco una activa seguidora comentó, a propósito de la difusión de uno de mis videos sobre un artículo de este blog, que sería conveniente colocar el enlace directamente en la descripción para facilitar la llegada al artículo «en estos tiempos de velocidades».


Siempre las devoluciones funcionan como espejo, como estímulo para volver a trabajar algo. En este caso, me hizo pensar que precisamente yo no siempre pongo los enlaces directos.


Hay ocasiones en las que sí considero conveniente facilitar el acceso, especialmente cuando se trata de un libro, un material de estudio o algo que requiere una consulta determinada. Pero cuando se trata de contenidos más complejos, menos prácticos, me interesa que quien tenga curiosidad haga también el mínimo recorrido de buscarlos. En este reel aparece la dirección del sitio al final del propio video, aunque no funciona como enlace directo; hay que detenerlo, leerla, escribirla, buscar el sitio y entrar al blog. Puede llevar unos minutos. ¿Y qué problema habría en eso? Cinco minutos no constituyen una demora significativa, y hasta pueden ser una forma de recuperar una relación diferente con aquello que estamos haciendo y así ejercitar nuestras capacidades.


La velocidad permanente tiene algo de artificioso y sesgado. Hemos llegado a aceptar como natural una aceleración que, en realidad, responde a un sistema de estímulos que nos empuja continuamente hacia lo siguiente. Lo siguiente antes de haber terminado esto, la próxima imagen antes de haber mirado esta, la próxima información antes de haber comprendido la anterior, la próxima respuesta antes de haber pensado la pregunta: todo mecánico.


Si un contenido despierta interés, se puede buscar. Y si para encontrarlo hay que detenerse un momento, recordar una dirección, escribir unas palabras o recorrer un sitio, la consciencia presente en esas acciones también forma parte de la experiencia.


Hay algo que me interesa particularmente preservar: la posibilidad de que una persona haga algo porque quiere hacerlo, y a su propio ritmo.


No todo es inmediato ni está servido, ni es imprescindible “ahorrar” tiempo, sobre todo en el campo del conocimiento y del aprendizaje; estos no se desarrollan si no están dadas las condiciones que necesitan, entre ellas la duración y la repetición.



 

 

Texto generado con inteligencia artificial a partir de contenido original y correcciones de Marcelo Bertuccio.

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