Observar, organizar, transformar

La Dramaturgia del Propio Sistema se encuentra vinculada a la misma condición que propone observar: se desarrolla a partir de aquello que ocurre.
Desde que comenzó a formularse, la Dramaturgia del Propio Sistema fue modificándose a partir de la práctica, de los encuentros y de la observación de aquello que efectivamente sucede cuando el dispositivo se pone en funcionamiento. Por eso, lo que hoy se nombra Dramaturgia del Propio Sistema no es exactamente lo que lo que se nombraba así hace unos meses.
Algunas formulaciones iniciales quedaron atrás. Otras se incorporaron. Y, sobre todo, el trabajo fue encontrando una forma de funcionamiento cada vez más concreta.
Hoy puede formularse su núcleo teórico de una manera bastante precisa:
La Dramaturgia del Propio Sistema es un dispositivo de observación, organización y transformación de escenas relativas a la realidad personal o a la escritura de una obra.
La palabra «escena» tiene aquí un sentido amplio. Puede tratarse de una escena de una obra, pero también de una situación personal, un vínculo, una decisión, un conflicto, una conducta repetida o cualquier configuración de la realidad que pueda ser observada.
El trabajo consiste en acercarse a aquello que existe, reconocer cómo está constituido, observar las relaciones entre sus componentes y, cuando sea posible, transformarlo.
La pregunta no es qué hago con la obra
Cuando el trabajo se realiza sobre una ficción aparece un pequeño desplazamiento del enfoque respecto del trabajo sobre una situación personal.
Hay una ficción. Hay personajes, escenas, situaciones, problemas de escritura.
Sin embargo, la premisa del trabajo no es:
¿Qué hago con la obra?
La pregunta es:
¿Qué es la obra?
La diferencia es fundamental.
No se trata de intervenir directamente sobre la obra para solucionar aquello que creemos que funciona mal. Se trata de observar qué está ocurriendo en quien la escribe.
Qué está intentando hacer.
Qué está evitando.
Qué está imponiendo.
Qué no está viendo.
Qué se repite.
Qué aparece sin haber sido buscado.
Qué contradicciones existen.
Qué decisiones provienen realmente de la ficción y cuáles son tomadas desde afuera de ella.
Por eso, cuando se trabaja con una obra, también se trabaja sobre la persona.
Se ajustan cuestiones en quien escribe para que puedan ajustarse cuestiones en la obra.
La obra es el territorio donde esas modificaciones pueden hacerse visibles, pero el trabajo no consiste en manipularla directamente.
Observar lo que existe
Esta forma de trabajo parte de una premisa sencilla y exigente:
lo que existe es el material disponible.
Esto vale tanto para una obra como para la propia realidad.
Una situación personal puede ser incómoda, contradictoria, injusta, dolorosa o difícil de comprender. La primera operación no consiste necesariamente en modificarla ni en encontrar rápidamente una explicación.
Consiste en observarla.
Esto supone también aceptar la complejidad de la realidad.
No tergiversarla para que coincida con una interpretación previa.
No negarla porque resulta incómoda.
No seleccionar solamente aquello que confirma lo que ya creemos saber.
Una escena puede contener elementos contradictorios. Una persona puede desear algo y actuar en sentido contrario. Una obra puede dirigirse hacia un lugar que quien escribe no había previsto. Una situación puede no tener, por el momento, una solución.
Todo eso forma parte del material.
Se observa. Se organiza. Se transforma si es posible.
Y si no es posible transformarlo, se lo acepta.
Pero siempre se intenta reconocer el sistema en el que aquello está ocurriendo.
La realidad como sistema
Un sistema no es simplemente un conjunto de elementos.
Es un conjunto de componentes interdependientes.
Si modificamos uno de sus componentes, el sistema se modifica.
Esta idea permite observar de otra manera tanto una obra como una situación personal. No se trata solamente de identificar qué elementos existen, sino de reconocer qué relación mantienen entre sí.
Una conducta puede depender de otra.
Una decisión puede sostener una situación que, aparentemente, queremos abandonar.
Una ausencia puede organizar una relación.
Una repetición puede mantener intacto un conflicto.
Un personaje puede existir de determinada manera porque otro personaje ocupa determinada posición.
La observación del sistema permite entonces dejar de buscar inmediatamente una explicación y empezar a reconocer su funcionamiento.
El encuentro es el dispositivo
En la práctica, la Dramaturgia del Propio Sistema funciona mediante encuentros, presenciales o virtuales, individuales o grupales.
No es indispensable que exista una tarea previamente asignada.
No hace falta que quien trabaja esté obligado a producir algo entre un encuentro y el siguiente.
En el caso de la dramaturgia artística, tampoco es necesario llegar con una escena escrita o con un problema dramatúrgico perfectamente formulado.
Y en el trabajo personal no es necesario llegar sabiendo de qué se va a hablar.
El encuentro comienza en el aquí-ahora.
El contenido surge de la dinámica del propio encuentro.
Una persona trae lo que está viviendo. La otra persona observa, pregunta, propone, señala, devuelve.
Y de esa relación surge una nueva configuración que puede ser observada.
Por eso el vínculo no es un recurso accesorio del dispositivo.
El vínculo constituye parte del sistema de trabajo.
Cada encuentro es diferente porque las personas que lo constituyen también lo son, y porque aquello que está ocurriendo en cada una de ellas tampoco permanece idéntico.
El trabajo no necesita ser consciente desde el comienzo
Esto tiene una consecuencia importante.
Las propuestas, asociaciones o materiales que aparecen durante un encuentro no tienen por qué ser decisiones conscientes y voluntarias.
A veces una persona trae algo porque cree que viene a hablar de otra cosa.
A veces una imagen aparece sin haber sido buscada.
A veces una conducta se repite dentro del propio encuentro.
A veces una propuesta aparentemente casual abre una zona que hasta ese momento no estaba siendo observada.
El dispositivo consiste también en poder reconocer esas apariciones.
No hace falta fabricar el material.
Hay que poder advertirlo cuando aparece.
En ese sentido, un encuentro puede ser productivo precisamente porque nadie sabe de antemano todo lo que va a ocurrir en él.
Dos objetivos, una misma dinámica
La Dramaturgia del Propio Sistema puede orientarse hacia un objetivo artístico o hacia un objetivo personal.
En un caso, el propósito puede ser desarrollar una obra.
En el otro, enfrentar de otro modo una circunstancia de la propia vida.
Pero no se trata de dos dispositivos diferentes.
La dinámica fundamental es la misma:
observar, organizar y transformar.
Lo que cambia es aquello hacia lo cual se dirige el trabajo.
Cuando se trabaja sobre una obra, el resultado buscado puede ser artístico.
Cuando se trabaja sobre una circunstancia personal, el resultado buscado puede ser un cambio en la manera de relacionarse con esa circunstancia.
Pero en ambos casos se trata de reconocer un sistema y trabajar con aquello que efectivamente está ocurriendo.
Un cuerpo teórico en construcción
La práctica tiene fundamentos diversos.
La Dramaturgia del Propio Sistema utiliza recursos provenientes del Counseling y, particularmente, del Enfoque Centrado en la Persona de Carl Rogers; del Cuarto Camino; de la pedagogía de Paulo Freire; del distanciamiento brechtiano; de la concepción aristotélica de la catarsis; de la estructura del relato estudiada por Roland Barthes; de la mayéutica; del Zen; de la filosofía estoica y del existencialismo.
No pretendo que todas estas fuentes constituyan una teoría homogénea ni que digan lo mismo.
Son fuentes diferentes que proporcionan instrumentos diferentes.
El cuerpo teórico da fundamento al trabajo.
Pero la teoría no es el encuentro.
La teoría permite comprender qué se está haciendo; el encuentro es el lugar donde eso sucede.
Enfrentar la circunstancia de un modo creativo
Quizá pueda resumir el propósito de la Dramaturgia del Propio Sistema de una manera todavía más sencilla:
ayudar a otra persona a enfrentar su circunstancia de un modo creativo.
Creativo no significa necesariamente artístico.
Una persona puede necesitar una respuesta creativa frente a una situación personal.
Una persona que escribe puede necesitar una respuesta creativa frente a una obra que perdió su rumbo.
En ambos casos, creatividad puede significar encontrar una relación diferente con aquello que existe.
No inventar una realidad.
No negar una circunstancia.
No forzar una solución.
Encontrar otra manera de observarla.
Una práctica que sigue cambiando
La Dramaturgia del Propio Sistema continúa desarrollándose porque todavía está siendo observada.
Cada encuentro aporta algo.
Cada proceso permite reconocer una nueva posibilidad.
Cada formulación que parecía definitiva puede ser revisada cuando la práctica demuestra otra cosa.
La estructura no está cerrada.
Su núcleo permanece:
observación, organización y transformación de lo que existe.
A partir de allí, el dispositivo puede dirigirse hacia una obra o hacia la propia realidad.
Puede trabajar con una escena escrita o con una escena de la vida.
Puede partir de algo que ya está formulado o de algo que todavía no sabemos cómo nombrar.
Puede producir una transformación o conducir a la aceptación de aquello que, por el momento, no puede transformarse.
Pero siempre comienza en el mismo lugar:
mirar lo que hay.
Y reconocer que aquello que hay constituye un sistema.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de contenido original y correcciones
de Marcelo Bertuccio.



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